ROCK AMÉRIKA: LAS TIENDAS DE DISCOS DE ROCK EN MÉXICO

ROCK AMÉRIKA: LAS TIENDAS DE DISCOS DE ROCK EN MÉXICO





A propósito del cierre y disminución de algunas tiendas MixUp este excelente artículo lleno de nostalgia y memorias de quienes conocimos otro mercado de la música.



Y habría que hacer un apartado dedicado a las de música clásica, jazz y géneros más cultos.















http://rockamerika.blogspot.mx/2012/05/las-tiendas-de-discos-de-rock-en-mexico.html



LAS TIENDAS DE DISCOS DE ROCK EN MÉXICO

En días pasados, Mauricio Hammer, buen amigo, me invitó a la premiere del documental realizado por su esposa llamado Just Like Heaven, en el cual se narra la historia de la famosa tienda de discos Super Sound, la cual se encontraba ubicada en Polanco, a una cuadra del Hortel Presidente Chapultepec y casi frente al auditorio al aire libre Angela Peralta.

En este se narra la historia de la tienda, de sus visitantes, anécdotas, vicisitudes y desaparición. Pero... ¿Quizás la memoria es delgada? O de plano no conocemos la historia desde los '50, '60, '70, y llegando hasta los '80, de famosas tiendas de discos que crearon antes que ésta una especie de religión al visitarlas, ya fuera para admirar las portadas de los acetatos, los pósters o para encargar algún disco de importación; porque eso si, las tiendas tenían ese plus, que podían vendernos discos importados, ya fuera de Estados Unidos, Europa o Japón.

El Gran Disco, en Balderas, fue junto con el grandiosoMercado de Discos de San Juan de Letrán, las primeras e inolvidables mega tiendas de discos (aún sin aparecer el disco importado) por excelencia. En el Mercado de Discos era recurrente ver que las compañías disqueras presentaban ahí a sus artistas del momento... Aún recuerdo que en la parte del mezzanine iba con mi padre y en las pequeñas cabinas donde se encontraba un tocadiscos, uno podía escuchar las canciones (en 45 revoluciones por minuto) y si te latía te lo llevabas.




Es imprescindible hablar sin duda de Hip 70, de Armando Blanco, aquí la cultura del disco importado se comenzó a gestar cuando (acompañado de la veta del rock en México desde mediados de los '60) era la única manera de encontrar discos de colección y de las bandas a las cuales uno seguía y que ni por asomo nos percatábamos que había un back up discográfico de ésta que había que adquirir. Permitanme de vez en vez narrar en primera persona, es que ya desde mi cuasi adolescencia me lanzaba allá por San Ángel, al Hip.



Armando Blanco, el guru de las tiendas de discos en México
Al entrar el aroma del incienso y el rock que se escuchaba de sus bocina nos recibía como si entráramos a un mundo alterno. Al ingresar caminaba hacia la parte de los discos importados y mientras les echaba un ojo, volteaba hacia las paredes o el techo y veía enormes pósters de bandas como Rolling Stones, Eagles, Beatles, Led Zeppelin y de otros muchos de los cuales aún no sabía quiénes eran, pero con el correr del tiempo abrevé de su música y también les rendí tributo.

Ahí me encontraba con un infinito pasaje lírico y melódico, veía a Armando tras el mostrador charlando y hablando por teléfono mientras atendía a los clientes. Volvía a lo mío, luego, de repente veía el primer disco de Crosby, Stills & Nash (ya lo tengo, pensaba), pero de súbito aparecía otro de ellos sin portada, en una funda blanca y con una fotocopia mal hecha de ellos más Neil Young. Le preguntaba a Armando que cuál disco era ése. Él me señalaba que era un disco pirata y que no pertenecía a la discografía oficial. ¿El precio? Más caro, pero qué caray, valía la pena adquirirlo, no en ese instante porque no había dinero, pero sí un poquito más adelante en lo que juntaba.

A los 20 días (después de caminar kilómetros durante más de dos semanas. porque guardé lo de los pasajes), regresé por el disco. La sensación de poseer el único disco en México (así me dijo Armando) es inenarrable. Así me sucedía con los discos que compraba en Hip 70, parte primordial de la cultura rockera mexicana.

Pero ahí no paró la cosa, con el tiempo un pequeño escenario apareció a la entrada, subía uno los escalones y se encontraba uno ante la magia rocanrolera mexicana al escuchar a imberbes bandas que ahí se presentaron, tales como Dangerous Rhythm, Size y Three Souls In My Mind, entre otros. Ahora no solamente era la catedral de los discos de rock en México sino que daba la oportunidad al talento.

Fue tan fuerte el impacto de HIP 70 que tuvo que poner una sucursal en Insurgentes casi esquina con Londres, allá en la Zona Rosa. La magia había crecido y ahora la podías obtener en dos lugares distintos. En lo personal (por la cercanía con mi domicilio en la 3 veces H Colonia Nueva Santa María) adquirí mis discos en esta sucursal que, aunque no era la 'original', si tenía un surtido excelente y, si no lo tenían, te lo pedían de San Angel o lo solicitaban en su próximo pedido a Estados Unidos.



La Mítica Zona Rosa

Percatándose algunos comerciantes que el rock y la importación de discos era un negociazo, le entraron a la aventura con excelentes resultados. Por ejemplo, la Zona Rosa (la cual se volvió el núcleo de este tipo de discotecas), vio nacer a Discos Briyus, situada en Génova. Ahí el dueño de ésta, el libanés Isidoro Yussif con un proyecto más elegante (y quizás predecesor de Super Sound), le metió diseño a la tienda con enooormes cortinas de color rojo, mandó a hacer bolsas rojas especiales para que cuando compraras un disco ahí lo guardaras. El nombre (bastante pegajoso por cierto), resulto de un juego de palabras entre Briggite (su esposa) y su apellido, Yussif: Bri-Yus. Posteriormente apareció una sucursal en Plaza Satélite.

Zorba (siendo el dueño Masri) fue otra extraordinaria propuesta (muy cercana por cierto a Briyus, allá en la 'zonaja'), entre éstas estaba la competencia, muchos preferíamos Briyus y otros Zorba. Por cierto, el movimiento de música disco tuvo en éstas el arsenal necesario para que los nacientes sonidos (los cuales se presentaban en fiestas privadas y discos) como Candy o Voyage, adquirieran ahí cientos y cientos de discos.

En Génova, cerca de Reforma se encontraba Disco Suite, poseyendo música un poco más exclusiva y sí, teniendo con bandera el importado, ahí logré conseguir el buscadísimo disco de Rick Wakeman "White Rock", la música de las Olimpíadas de Invierno de Innsbruck.

Envalentonado por su hermano Isidoro, Elías Yussif se animó al jueguito y asesorado por Isidoro, le entró conCherry Discos, que bien pudieron pasar por ser clones de Briyus. Tuve la fortuna de trabajar en las dos sucursales de Cherry, primero anduve en la 'matriz', la cual se encontraba en Insurgentes Sur, casi esquina con Coahuila, frente a Woolworth, luego me fui de encargado a la sucursal de Plaza Universidad, vendíamos una barbaridad, me tocó el lanzamiento mundial de "Disco Samba" de Two Man Sound, a la semana más o menos se adquirían para la venta al público entre mil, mil quinientos... repito, a la semana. También le engrosamos la cartera a Elías con los lanzamientos de Love & Kisses, Voyage, Toto, Beautiful Bend, La Bionda, y la despedida de Led Zeppelin: "In Through The Out Door", del cual vendíamos una barbaridad.

El disco importado (aunque ya las disqueras mexicanas le entraron al quite bien y bonito) continuaba vendiéndose fabulosamente bien.

A inicio de la década de los '80, algunas tiendas comenzaron a decaer, otras trataron de sobrevivir, como Briyus, que abrió la tienda de discos más grande de México (en aquél entonces), en Insurgentes Sur, casi esquina con Avenida Sonora. Hip 70 abrió una sucursal en Plaza del Ángel, en la Zona Rosa, pero duró poco, su lugar la ocupó otra Briyus, dentro de esa misma plaza se aventuró un arquitecto (Marcos Carrillo) a abrir la bella tienda Hexágono Sonido, con la novedad de que también se podían adquirir las prestigiadas bocinad JBL, pero la vorágine de Briyus y Zorba, junto con las primeras devaluaciones lo terminaron por ahogar.

Así que ya verán... Super Sound tiene historia, pero detrás de esta hay un legado de tiendas de discos más importante y sí, a las pruebas me remití... ¿o no?

Y luego... Todo valió madres... Entró Mix Up y el arte y la religión de comprar discos se volvió automatizada y engullida por el comercialismo tanto de estas tiendas como por las propias compañías disqueras... Así que en definitiva esta historia no tuvo un final feliz...


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